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Las Tantas Palabras Sobre El Desierto

Las tantas palabras sobre el desierto

Tarde que temprano la selva sepulta a los dioses paganos. Las arenas también han hecho lo propio con los templos dedicados a Hathor y Ramses. Sin embargo, la monotonía del desierto ha sido propicia para un temperamento diferente: un devoto que añora liberarse de las distracciones; una trascendencia que quiere trascender a la misma naturaleza. Allí, en medio del reino incontestable del sol, corre sin tantos tropiezos la capacidad de abstraer.
El desierto es el recogimiento, la huida, la introspección. Si la geografía modela las creencias, las familias de dioses nacen en la selva; el monoteísmo, por su parte, emerge en el desierto. La uniformidad de este paisaje contribuye además a la ilusión. Sometida, nuestra mente se rebela en espejismos y voces, como delante del mar. Según la mitología egipcia el universo se divide entre la tierra negra que baña las aguas del Nilo y la tierra roja, con su misteriosa belleza.

Crédito de la fotografía de cabecera: Erdenebulgan

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