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Rebelión En La Granja, Prefacio

Rebelión en la granja, prefacio

El sufrimiento del pueblo ucraniano a lo largo del siglo pasado es más que desolador. El autor de Tierras de sangre, Tymothy Snyder señala: “En total, no menos de 3.3 millones de ciudadanos soviéticos murieron de hambre y enfermedades relacionadas en Ucrania soviética; y más o menos el mismo número de ucranianos (por nacionalidad) murieron en la Unión Soviética en general” (Capítulo I, pag 105. Editorial Norma). En la obra de Vassily Grossman Todo fluye se encuentra también el escabroso retrato de las condiciones impuestas por los soviéticos en Ucrania, la deskulakización.

George Orwell recibe la noticia. Rebelión en la granja, la sátira más brillante e ingeniosa contra el comunismo soviético, fue editada clandestinamente en Ucrania. De inmediato decide escribir un prólogo para el pueblo ucraniano. Lo presentamos aquí, inédito, por lo demás, en español (en las ediciones hispanas aparece como prólogo un ensayo sobre política y propaganda).

Prefacio del autor a la edición ucraniana de “Rebelión en la Granja”

Traducción: Fernando Galindo G
(El texto original nunca se encontró. Esta versión es la traducción al español de la traducción inglesa de la versión ucraniana)

Me han pedido que escriba un prefacio a la traducción ucraniana de “Rebelión en la Granja”. Estoy consciente de que escribo para lectores de quienes no sé nada, pero también de que ellos probablemente jamás han tenido la oportunidad de saber algo de mí.
En este prefacio con seguridad estarán esperando que diga algo de cómo se originó “Rebelión en la Granja”, pero primero me gustaría decir algo acerca de mí y de las experiencias por las que llegué a mi postura política.

Nací en India en 1903. Mi padre era un oficial de la administración inglesa allá, y mi familia una de esas familias ordinarias de clase media de soldados, sacerdotes, oficiales gubernamentales, maestros, abogados, doctores, etc. Me eduqué en Eton, la más costosa y snobista de las escuelas inglesas. Pero sólo estuve allí por una beca, de lo contrario mi padre no hubiera podido enviarme a una escuela de ese tipo. 

Tan pronto terminé la escuela (no tenía ni veinte años) partí para Birmania y me enlisté en la Policía Imperial de la India. Esta era una policía armada, una suerte de gendarmerie similar a la guardia civil española o la guardia móvil en Francia. Permanecí cinco años en el servicio. No me agradó y me hizo odiar el imperialismo, aunque los sentimientos en Birmania no eran muy altisonantes, y las relaciones entre los ingleses y los birmanos no eran particularmente malas. Cuando regresé a Inglaterra en 1927, renuncié al servicio y decidí convertirme en escritor: al principio sin ningún éxito en especial. En 1928-9 viví en París y escribí relatos y novelas que nadie quería imprimir (por tanto destruí todo). En los años siguientes vivía a ras y en muchas oportunidades quedaba hambriento. Sólo sería después de 1934 que sería capaz de vivir de lo que ganaba en la escritura. Mientras tanto a veces solía vivir durante todo un mes en los albergues o merodeaba las calles mendigando y robando. En ese momento me asocié con ellos por falta de dinero, pero más adelante me interesaría su tipo de vida en sí mismo. Pasé muchos meses (de forma más sistemática esta vez) estudiando las condiciones de los mineros en el norte de Inglaterra. Hasta 1930 no me consideraba un socialista entero. Me volví pro-socialista más por el disgusto con la manera en que la población más pobre de los trabajadores industriales eran oprimidos y marginados que por cualquier admiración teórica en pos de una sociedad planeada.
Contraje matrimonio en 1936. En casi la misma semana se desató la guerra civil en España. Tanto mi esposa como yo quisimos viajar a España y luchar por el gobierno español. En tan sólo seis meses estuvimos preparados en tanto ya había terminado de escribir un libro. En España pasé seis meses en el frente en Aragón hasta que, en Huesca, la bala de un francotirador fascista atravesó mi garganta.
Al principio de la guerra los extranjeros no estaban conscientes de las disputas intestinas entre los numerosos partidos que apoyaban al gobierno. A través de una serie de incidentes me uní no a la brigada internacional como la mayoría de los extranjeros, sino a la milicia del POUM  -los trotskistas españoles.
A mediados de 1937, cuando los comunistas ganaron control (parcial) del gobierno español y comenzaron a dar de baja a los trotskistas, ambos nos encontramos entre las víctimas. Fuimos afortunados en abandonar España vivos y no ser ni siquiera una vez arrestados. Muchos de nuestros amigos fueron fusilados, otros pasaron largos periodos en la prisión o, simplemente, desaparecieron.

Orwell en la BBC

Las cacerías humanas en España ocurrieron al mismo tiempo que las grandes purgas en la URSS y fueron como un suplemento a ellas. Tanto en España como en Rusia la naturaleza de las acusaciones (a saber, conspiración con los fascistas) fueron las mismas y en lo que a España concernía yo tenía toda la razón para creer que las acusaciones eran falsas. Vivir todo esto fue una valiosa lección: me enseño qué fácil la propaganda totalitaria puede controlar la opinión de personas ilustradas en los países democráticos.
Mi esposa y yo vimos personas inocentes ser arrojadas a prisión solamente porque eran sospechosos de disidencia. Sin embargo de vuelta a Inglaterra encontramos numerosos observadores sensibles y bien informados creyendo los testimonios más fantásticos de conspiración, maldad y sabotaje que la prensa reportaba desde los juzgados de Moscú.
Y entonces comprendí, más claro que nunca, la influencia negativa del mito soviético sobre el movimiento socialista occidental.

Orwell y su esposa en España

Aquí debo detenerme para describir mi actitud al régimen soviético.
Nunca he visitado a Rusia y mi conocimiento consiste en lo que he aprendido leyendo libros y periódicos. Incluso si tuviera el poder no desearía interferir en los asuntos domésticos de los soviéticos: no condenaría a Stalin y sus asociados solamente por sus métodos no-democráticos y barbáricos. Es muy posible que, incluso con las mejores intenciones, no hubieran podido actuar de otra manera bajo las condiciones que prevalecían allí.
Pero de otro lado para mí era de una importancia esencial que las personas en Europa occidental vieran al régimen soviético por lo que realmente era. Desde 1930 tenía muy pocas evidencias que la URSS fuera progresando hacia algo que uno pudiera verdaderamente llamar socialismo. Al contrario me sorprendió por los claros indicios de su transformación en una sociedad de jerarquías, en donde los gobernantes no tenían razón para dejar su poder más que cualquier otra clase dirigente. Más aún, los trabajadores y la inteligentsia en un país como Inglaterra no pueden comprender que la URSS de hoy es completamente diferente de lo que era en 1917. Es en parte por lo que ellos no pueden comprender (por ejemplo, ellos quieren creer que en algún lugar un país verdaderamente socialista existe),  y en parte, estando acostumbrados a la libertad comparativa y a la moderación en la vida pública, el totalitarismo les resulta completamente incomprensible.

Sin embargo se debe recordar que Inglaterra no es completamente democrática. Es también un país capitalista con grandes clases privilegiadas (incluso ahora, después de una guerra que tendió a igualar a todo el mundo) y con grandes diferencias en riqueza. Pero no obstante es un país donde las personas han vivido juntas durante cientos de años, sin conocer la guerra civil, en donde las leyes son relativamente justas y los reportes y las estadísticas oficiales  pueden casi ser creídas invariablemente y, por último pero no menos importante, en donde abrazar las visiones y la voz de una minoría no implica un peligro mortal. En semejante atmósfera el hombre de la calle no tiene un entendimiento real de cosas como campos de concentración, deportaciones masivas, arrestos sin juicios, censura de prensa, etc. Cualquier cosa que lea sobre un país como la URSS es automáticamente traducido en términos ingleses, y así acepta inocentemente las mentiras de la propaganda totalitaria. Hasta 1939 e incluso después la mayoría de los ingleses eran incapaces de valorar la verdadera naturaleza del régimen nazi en Alemania, y ahora, con el régimen soviético, en su mayoría están todavía bajo el mismo tipo de ilusión.
Esto ha ocasionado un gran daño al movimiento socialista en Inglaterra y ha tenido serias consecuencias en la política internacional inglesa. En verdad, en mi opinión, nada ha contribuido tanto a la corrupción de la idea original del socialismo como la creencia de que Rusia es un país socialista y que cualquier acto de sus mandatarios debe ser excusado si no imitado.
 Y así durante los últimos diez años he estado convencido de que la destrucción del mito soviético era esencial si queríamos un renacimiento del movimiento socialista.
Al regresar de España quise exponer el mito soviético en un relato que pudiera ser fácilmente entendido por casi cualquiera y que pudiera ser traducido fácilmente a otras lenguas. Con todo, los detalles precisos de la historia no me llegaron sino hasta un día (vivía entonces en una villa pequeña) en que vi a un muchachito, quizá de diez años, conducir una gran carroza a través de un camino estrecho, azotando al caballo toda vez que éste intentara voltear. Me sorprendió que si tan solo esos animales fueran conscientes de su fuerza no tendríamos poder sobre ellos, y que los hombres explotan a los animales en casi la misma manera en que los ricos explotan al proletariado. 

Portada, Rebelión en la granja.

Procedí a analizar la teoría marxista desde la perspectiva del animal. Para ellos era claro que el concepto de lucha de clases entre humanos era pura mentira, en tanto toda vez que se quisiera explotar a los animales todos los humanos se unirían en contra de ellos: la verdadera lucha es entre animales y humanos. De este punto de partida no era difícil elaborar la historia. No la escribí sino hasta 1943 porque estaba comprometido con otro trabajo que no me dejaba tiempo; al final, incluí algunos eventos, por ejemplo la conferencia de Teherán, que estaba teniendo lugar mientras escribía. Así los principales derroteros de la historia estuvieron en mi mente por un período de seis años antes de que fuera escrita.

No deseo comentar sobre la obra. Si no habla por sí misma entonces es un fracaso. Pero quisiera subrayar dos puntos: primero, a pesar de que varios episodios fueron tomados de la historia real de la revolución rusa, son tratados esquemáticamente y su orden fue alterado; esto fue necesario para la simetría de la historia. El segundo punto no ha sido visto por la mayoría de críticos, posiblemente porque no lo enfaticé lo suficiente. Un número de lectores puede finalizar el libro con la impresión de que termina con la reconciliación completa entre los cerdos y los humanos. Esto no fue mi intención. Al contrario yo quise terminar con una nota alta de discordia, en tanto escribí inmediatamente después de la conferencia de Teherán donde todo el mundo pensó haber establecido la mejor relación posible entre URSS y el occidente. Personalmente no creí que tales relaciones durarían mucho; y, como los eventos lo muestran, no estaba tan mal

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