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Alberto Durero: San Jerónimo

Alberto Durero: San Jerónimo

San Jerónimo es una de las figuras claves en la obra de Alberto Durero. El Renacimiento sintió una profunda devoción por el santo, consideraron que las suyas eran las virtudes que los intelectuales del momento debían abrazar con fervor. Entre los siglos IV y V San Jerónimo tradujo la Biblia a una sola lengua y cultivó el estudio de los diferentes manuscritos y las diversas lenguas, todo con el fin de dar a luz el texto sagrado en su versión latina, la Vulgata. En alguna oportunidad el Santo soñó un reproche: una voz lo culpaba por su profunda devoción a Cicerón, una de las influencias más claras en los poetas y pensadores del Renacimiento. Petrarca adoró la figura del santo, Leonardo y tantos pintores más recordaban la leyenda de su profunda austeridad y su curiosa amistad con un León. Para Durero, San Jerónimo marcó una continua meditación sobre su figura.

Según los expertos la xilografía más antigua que conservamos de Durero es precisamente un San Jerónimo. Entremos al estudio, allí están los diferentes textos, latín, hebreo y griego; en los escaparates hay un rosario colgado, una candelabro y algunos libros. Durero quiso darle profundidad y perspectiva a esta pieza, pero no lo consigue del todo: en este instante aún no ha viajado a Italia, todavía no ha aprendido de Bellini los secretos de la perspectiva matemática. Los pliegues del atuendo y de las cortinas resultan virtuosos, pero algo exagerados.

El Santo está removiendo una astilla de un pobre león que está a punto de desvanecerse de tan delgado. Como Leonardo, Durero tendría una estrecha relación con este animal y más adelante en su vida tuvo el privilegio de ver uno. Las puertas de la gaveta, de donde el Santo ha sacado las pinzas seguramente, y la silla, separan nuestra xilografía en dos espacios: por un lado la intimidad del Santo, por otro el mundo secular donde se pierde un caballero en la distancia. El rostro se muestra en meditación, pareciera que el curar a la fiera no fuera tanto un evento que estuviera ocurriendo como una alegoría: según la iconografía renacentista y medieval el león representa la fuerza de la tierra, la valentía… ambas en esta imagen heridas, ambas buscando los remedios de la santidad. En suma, el león debajo de la Vulgata.

 San Jerónimo en su estudio  de 1514 es considerada junto a Melancolía I El Caballero, el diablo y la muerte, unos de sus tres grabados maestros, no es difícil entender por qué. La iluminación y la serenidad del estudio tendrían que esperar a Rembrandt para crear una obra semejante.

Tracemos una perpendicular entre la calavera debajo de la ventana y la cabeza del santo, y entre la muerte, la calavera,  y la devoción, San Jerónimo, aparece un crucifijo: como el punto entre la luz y la sombra. Encima de Jerónimo encontramos el sombrero de cardenal que se empleaba en el Renacimiento, al lado el reloj de arena que recuerda el paso del tiempo, que representa nuestra carácter mortal. Notamos las pinzas, el rosario y la calabaza de la primera xilografía.  

Esta calabaza aparece colgada en la entrada, con una hoja preciosa y lozana, pero sus flores no están, queda el pedúnculo formando una espiral, justo a la misma altura del reloj de arena y del sombrero. Algunos consideran que la flor de la calabaza era la representación del carácter pasajero de cualquier belleza y lozanía. Resulta curioso, pero aún más me parece la silla al lado de San Jerónimo: alguien estuvo allí hablando con el Santo o alguien está invitado a ocupar ese lugar, a presenciar la devoción y el cuidado de estudiar la palabra, de traducir en lengua humana la historia divina.

Alberto Durero, “San Jerónimo en su estudio”, 1514.

En la cabecera: Durero, “Estudio de un hombre de 93 años”. Galeria Albertina, Viena

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