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Walter Raleigh O La Prisión Del Mundo

Walter Raleigh o la prisión del mundo

En una época de exploraciones y de saberes prohibidos, de guerras religiosas y de temores milenarios, la vida de Walter Raleigh (1552-1618) cumplió una cita con casi todas las aventuras. Su primera juventud estuvo dedicada a las letras, pero se inclinó por el oficio de soldado. En Francia fue testigo de la masacre de San Bartolomé, donde murieron miles de hugonotes en una macabra exhibición de crueldad. De regreso a Inglaterra se internó en los libros. Su estudio permitía tan solo cinco horas de sueño. Leyó los libros de historia, las cronistas de los américas y los tratados de alquimia. Exhausto por el estudio, se hizo a la mar como pirata, atormentando a los españoles y buscando colonias para su reina. Sus viajes no fracasaron. A su regreso, celebró como nunca nadie había celebrado en el viejo continente: fumó pipa.

Raleigh fue uno de los favoritos de la reina, ganó las ventajas de su cariño y el terror de sus celos. Como Gonzalo Jiménez de Quesada, buscó al Dorado sin mayor suerte. Escribió sus recuerdos en una obra que hizo las delicias de los demás aventureros. Muerta la reina Isabel, la suerte lo abandonó. El sucesor al trono, que odiaba al tabaco y a Raleigh, lo condenó a la torre de Londres. Una década después ganó su libertad a cambio de la promesa de otra expedición exitosa al nuevo mundo. A su regreso y ante el fracaso, la sentencia fue clara. Le fue dada una frase que devela un sentir especial: “El mundo es una vasta prisión donde a diario los elegidos van al patíbulo.”

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