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Robert Louis Stevenson

Robert Louis Stevenson

Resulta difícil que alguien haya querido con tanto fervor la literatura como Robert Louis Stevenson. Desde su más tierna infancia la vida estuvo a punto de escurrirse entre sus manos, sin embargo  enfrentó los quebrantos de su cuerpo con tanto coraje como alegría. El ensayista que exaltó los dones del ocio fue un trabajador y un viajero incansable. Stevenson escribió poesía, cuento, novela, crítica, biografía, ensayo, oraciones. Esta diversidad no sería un mérito si no fuera por la calidad de su prosa, la calmada belleza de sus versos, el encanto y el ingenio sus ensayos, la alegría y el cuidado de su imaginación. A continuación un fragmento de “El Dorado”.

El ser verdaderamente felices es una cuestión de cómo comenzamos y no de cómo terminamos, de lo que deseamos y no de lo que tenemos. Una aspiración es una alegría sin término, una posesión tan sólida como una propiedad en el campo, una fortuna que jamás podemos agotar y que año tras año nos provee con la renta de una agradable actividad. Tener muchas aspiraciones es ser espiritualmente rico. La vida será sólo una pieza de teatro aburrida, a menos que tengamos algún interés en ella; y para aquellos que no poseen ni arte ni ciencia, el mundo es sólo una mancha de colores, un camino áspero en el que pueden muy bien quebrarse un hueso. Es sólo en virtud de sus propios deseos y curiosidades como un hombre puede continuar existiendo sin que su paciencia desfallezca (…)

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