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Yasunari Kawabata 1899-1972

Yasunari Kawabata 1899-1972

Kawabata realizó varios trabajos editoriales sobre los grandes novelistas rusos, antologías y ensayos que muestran su carácter como divulgador. El aprendizaje de estas letras resultó esencial en las técnicas narrativas, se convirtió en una herramienta más para una sensibilidad auténtica, propia, que encontró en este aprendizaje un complemento a los recursos de su tradición literaria.

Yasunari Kawabata

En novelas como “País de nieve” el lector siente la ausencia de los viejos esquemas de las narraciones de occidente, el comienzo, el nudo y el desenlace; en cambio se explora la relación entre la sensibilidad y la memoria de una forma tan intensa como lo consiguieron los escritores anglosajones de comienzos del siglo pasado. Los diálogos de los personajes esconden una insinuación que refleja de manera más clara los sentimientos y las soledades. Sus descripciones no toman de las fuentes del realismo, prefieren las imágenes que transmite con más claridad los versos del haikú. Kawabata fue un estudiante de los maestros occidentales sin volverse sumiso a ellos. Su literatura es un episodio más de “La historia de Genji” de Murasaki Shikibu y de los adorables poemas de Issa Kobayashi.

El camino del imperialismo japonés exaltó tanto el pasado militar de las islas como los contenidos de su cultura. La encrucijada de Kawabata no era menor, cualquier afirmación de su cultura podría leerse como un apoyo a las causas políticas que derivaron en la guerra. En sus novelas se enseña esta tradición, pero se muestra la crisis que padece. En “Mil grullas” (traducida también como “Una grulla en una taza de té”), por ejemplo, la ceremonia ancestral está llamada a renovarse más allá de las formas y los protocolos. En “Kioto”, escrita después de la segunda guerra, la vieja capital se viste en su esplendor de ceremonias en una evocación de los principios de su cultura, donde la ocupación norteamericana sirve de un delgado telón de fondo.

Según Hisayasu Nakawa, la cultura japonesa y el individualismo resultan distantes incluso en el lenguaje, en sus formas de expresión. Este es uno de los rasgos fascinantes de la literatura de Kawabata, la soledad, el recuerdo y la vejez, procuran una dimensión inusual al individuo. Sus personajes zozobran dentro de sus recuerdos, ya sea delante de los reflejos de una ventana en un tren que cruza la nieve, ya sea delante de una joven desnuda, cuyo dormir sirve de compañía a un viejo y a su memoria. Sutil, preciso, sensual, su estilo da cuenta del crecimiento de una literatura dentro de una identidad. En su discurso del premio nobel, Kawabata compone un inventario de las formas de expresión del arte y la sensibilidad japonesa. Sus obras son un momento más de ese camino, un paso más después de un aparente fin.    

Yasunari Kawabata

Crédito de la imagen: Tadahiko Hayashi

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