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Los Recuerdos De Marco Polo

Los recuerdos de Marco Polo

Tal vez todas las historias fueron un engaño. Tal vez en la cárcel de Génova los prisioneros que habían atravesado la geografía de aquel entonces intercambiaron cuentos de lecturas e historias de caravanas, y un amanuense, astuto en el arte de vender libros, reunió en una sola obra y en la vida de un solo viajero todo cuanto había escuchado. Marco Polo sería así un artificio. Esta es una posibilidad.

Sin embargo, su vida no terminó con la aparición de “El libro de las maravillas”. De vuelta a Venecia su fama lo precedió. A punto de morir, era el año 1324, un sacerdote recomendó su arrepentimiento por las tantas mentiras que había dicho. Era el momento oportuno para salvar su alma. “No conté ni la mitad”, exclamó. Muchos han leído esta frase como una provocación, pero quizá no lo sea, después de todo cuántos rostros, cuántos paisajes, cuántas aventuras, cuántos pueblos, cuántas lenguas pudo conocer, cuánto recuperaron los sueños de Marco Polo de décadas viajando a lo más profundo de Asia. Que recordara no es asombroso: nuestra memoria prefiere lo extraordinario. Que hubiera callado resulta comprensible: si ya, con cuanto se mencionó en el libro, despertó la incredulidad, ¿para qué decir más?

Quienes han seguido los pasos del viajero han quedado sorprendidos. En esos paisajes de la ruta de la seda hay varias fantasías de verdad. No sé si esta fotografía sea una muestra, en Afganistán.

Mujeres de Kurdinstan, Michael Yamashita.

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