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Lucrecia Borgia, Princesa Infeliz

Lucrecia Borgia, princesa infeliz

Los últimos años de su vida no fueron tan tormentosos. Duquesa de Ferrara desde 1505 presidió allá una corte brillante. Su ingenio y encanto ganaron el favor de los poetas e intelectuales. Su reputación, sin embargo, arrastraba el pesado nombre de los Borgia.

Su padre, Rodrigo, escaló al interior del clero a punta de alianzas, asesinatos y sobornos. Convertido en el papa Alejandro VI la familia se adueñó de Roma. César se convirtió en cardenal y a Lucrecia la casaron a los doce años con Giovanni Sforza para crear un vínculo con Milán. Alejandro después decidió que era más urgente aliarse con Nápoles. Anularon entonces su primer matrimonio y la llevaron al altar con el hijo ilegítimo de Alfonso II. Lucrecia fue regente por un tiempo en Spoleto y más adelante ayudó a la administración en Roma. Amaba a su marido… y a su padre, que excomulgaba enemigos y envenenaba cardenales, y a su hermano, cuyo asesino de confianza no encontraba descanso. El tema del incesto entre hermanos e incluso entre padre e hija ha sido muy controvertido, más allá de eso César sintió celos de su cuñado e intentó matarlo. Lucrecia cuidó las heridas de su esposo, pero descuidó las intenciones de su hermano. Viuda en el convento terminaba sus cartas escribiendo al lado de su nombre, “princesa infeliz”. Se hizo amante del mensajero de su padre, de quien quedó en embarazo. César también lo mató, se dice que en presencia de su padre, el mismo papa. La casaron de nuevo. Semejantes heridas dan pie para pensar que Lucrecia odió a su familia, pero no fue así. Se rumora que celebró algunos de sus triunfos, muchos de ellos macabros.

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