fbpx
Saltear al contenido principal
Leonardo, Un Curioso Escéptico

Leonardo, un curioso escéptico

Son tantos los misterios de la vida de Leonardo, su biografía despierta tanta admiración, que resulta comprensible que su pensamiento quede relegado casi al olvido. Pero cuando nos abrimos paso entre la marea de la información, entre los rumores de su vida íntima y la dudosa autoría de ciertos cuadros, encontramos al pensador que tuvo tantos méritos como el artista. Y esto es decir mucho. Bien vale reflexionar sobre este camino.

          Acaso el momento crucial fue su primera educación. Como hijo natural, Leonardo no podía acceder a la formación convencional de la época, donde los estudiantes aprendían con esmero latín, gramática y retórica; conocían de aritmética y geometría y también sabían de música y astronomía. Como se sabe el primer Renacimiento fue un estudiante aplicado de la cultura grecolatina. Su propósito fue desentrañar los grandes logros del pasado, comprender su filosofía, imitar su estilo literario, desenterrar las esculturas de la antigüedad y usarlas como modelos en sus obras. Este entusiasmo era compresible, sin embargo encerraba un peligro, a saber, el de tomar el pasado como la medida por excelencia, el de considerarlo como el término final del conocimiento. A su parecer las obras que estudiaban representaban la suma completa del saber.

          Durante su infancia sabemos que Leonardo andaba entre la casa de su padre y de su madre (cada uno había formado un hogar por su cuenta) y mientras los demás niños leían Ovidio y aprendían de memoria a Horacio, Leonardo caminaba por la Toscana de la mano de su tío buscando contemplar la naturaleza que los demás conocían en los versos y en las obras filosóficas del pasado. Esta fue la diferencia. Desde un principio Leonardo se convirtió en un observador, un observador puro, que no orientaba su mirada por las observaciones de Galeno o de Aristóteles, que recibía su clase al pie de la caída del agua, entre los bosques y los valles.

          En este instante queda claro que su vida como intelectual será distinta. El humanista indagará en los textos, revisará las traducciones, escribirá imitaciones e incluso comentarios; para Leonardo, antes que la sabiduría libresca, estará siempre ver, educar su mirada en la de un observador tan escrupuloso como paciente. Y para este propósito nada mejor que pintar. El niño que corría entre los bosques y jugaba con las lagartijas, necesitaba un oficio que permitiera su procedencia. Después de una exhibición de su talento, su padre lo llevó a que recibiera su segunda educación de la manode Andrea del Verocchio en Florencia, como ayudante de su bottega.

          La belleza de Florencia debió atrapar el espíritu de Leonardo de inmediato. Su formación no tardó en comenzar. Era preciso que supiera la técnica de la pintura y del fresco, los rudimentos de la escultura, la iconografía de la Biblia y el novísimo arte de la perspectiva. Su maestro era un dibujante notable y si bien Leonardo lo superará, la huella de su maestro permaneció para siempre en el estilo de su discípulo. El aprendizaje sin duda marchaba de la mano de un innegable talento. Mientras los humanistas conocían la versificación de los clásicos, Leonardo ahora contaba con el talento de tomar apuntes de la naturaleza de la mejor manera. Para muchos siempre ha sido el artista, pero entre una y otra esfera existe un complemento: el artista expresaba su pensamiento en sus obras; la técnica del arte resultaba esencial para su pensamiento.

          Y mientras su biografía continuaba entre encargos y desilusiones, entre patrones en Milán, Florencia y Roma, Leonardo el escéptico hacía lo suyo. De la mano de su habilidad como dibujante, su observación maduró hasta la perfección. A la vez que pintor y miembro fundamental de diferentes cortes, Leonardo levantó un tribunal para juzgar el conocimiento que tanto exaltaba el Renacimiento. Lo suyo no era refutar a Platón ni desmentir la política de Aristóteles, sino tomar cuanto los grecolatinos habían consignado en sus observaciones y confirmarlo… o desmentirlo. El homenaje que Leonardo le rindió al pasado fue el escepticismo suficiente para estudiar sus logros.

          Leonardo mostró que las historias sobre la creación que tanto examinaban en los monasterios y las universidades de la mano de la Biblia y Santo Tomás estaban equivocadas y no por poco. Según Stephen Jay Gould, Leonardo se anticipó un siglo al nacimiento de la geología, no solo por sus observaciones sino por los principios que menciona. Las largas caminatas que realizó desde la infancia y que continuó durante toda su vida, revelaron ante su mirada los exquisitos y pausados desplazamientos de la tierra, que resultan los responsables por las montañas y los valles. Sobre el cuerpo humano, tema esencial si lo hay, Leonardo abrió el tribunal a todo. Sobre las proporciones corrigió a Vitrubio, en el famoso dibujo que lleva ese nombre; sobre la anatomía pasó revista a Galeno y en la serie de dibujos, que hacían parte de una obra tristemente inconclusa como la mayoría de las suyas, Leonardo se adelantó a Vesalio medio siglo. Las tantas noches macabras que pasó nuestro artista al lado de los cadáveres, pronto revelaron que la antigüedad, a pesar de sus altísimos logros, no era ni la medida absoluta del conocimiento ni tampoco de las capacidades humanas. 

          Esa fue la segunda etapa del Renacimiento, donde el estudiante que antes imitaba con solemnidad a su maestro ahora intentaba superarlo. Leonardo está emplazado justo en ese instante, ya fuera en la pintura, ya fuera en la óptica o en la botánica, ahora se trataba de mirar todo cuanto había hecho el ayer en aras de mostrar que la grandeza de los seres humanos continuaba, que la suma del conocimiento no estaba completa. El escepticismo es una de las claves tanto en el surgimiento de la modernidad como en el desarrollo de la ciencia, no en su versión caricaturesca donde se duda hasta el absurdo, sino porque la duda del escéptico se orienta a cuanto está dado, porque se controvierte las observaciones del ayer con las observaciones del hoy. Leonardo comprendió que, en la enorme escuela de la naturaleza, la antigüedad solo había estado en unas cuantas clases, que el esfuerzo por comprender sus enseñanzas debía continuar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba
Abrir chat
💬 ¿Necesitas ayuda?