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El Leonardo De Ralph Steadman

El Leonardo de Ralph Steadman

De Leonardo tenemos los dibujos, los manuscritos, la mayoría de sus cuadros e incluso la partida de bautismo. Sabemos el nombre de sus mecenas, el dinero que recibió por los encargos, el nombre tanto de sus amigos como de sus ayudantes. Conocemos el número de libros que tuvo (116), el inventario de cuencos pequeños y grandes (11 y 11), el número de platos (7), el de bandejas (3) y el de palmatorias (5). Cuesta trabajo encontrar una figura de hace casi 500 años de la que tengamos tanta información. Sin embargo, la figura de Leonardo todavía nos elude. Su misterio no muere.

Los biógrafos son conscientes de esto. El orbe de la ficción ha arriesgado todo tipo de ensayos. “Yo, Leonardo” sería un eslabón más de una larga serie, pero cuando abrimos el libro y vemos que su autor, Ralph Steadman, es un ilustrador y un entusiasta de los aviones, todo cambia.

Muy pocos ignoran los numerosos talentos de Leonardo. Se admira “La Mona Lisa” y “La última cena”, se recuerda su labor como anatomista, sus triunfos y fracasos como inventor y diseñador. Detrás de esta variedad subyace siempre el dibujo. A través de sus imágenes consiguió el dinamismo, la expresión, el carácter. Según Leonardo, todo estudio de la naturaleza debe partir de la misma mirada: el ojo es el punto de partida y de llegada del horizonte. La imagen también es central para Steadman, desde otra perspectiva claro. Más allá de la información que dispuso para componer esta obra, publicada en 1983, esto lo acerca de una manera incontrovertible a Leonardo. Su obra es un juego de imagen sobre imagen, pero es más.

También es un autorretrato imaginado. De Leonardo tenemos su hoja de vida y miles de manuscritos, pero no hay ninguna confesión. Steadman la escribe y, además de los acontecimientos, muestra el espíritu de Leonardo: una curiosidad como quizá nunca hubo otra (solo imagino un rival: Aristóteles, pero no, démosle ese premio a Leo), está su incesante digresión, la exactitud, la maravilla que experimentó delante de un mundo fresco que todavía ocultaba la mayoría de sus secretos. Lo conocemos en su infancia, en la educación con su maestro en Florencia, en su madurez como artista cuando su nombre aparece en la cofradía de San Lucas. Palabra e imagen ambos dominios son formas complementarias del entendimiento y del arte. Steadman ha logrado una obra que incluye ambas. Muchas de sus observaciones son extraídas de los cuadernos de Leonardo, pero parecen tan extraordinarias que resulta difícil pensarlas por fuera de la ficción. En las imágenes aparecen varios trazos: el estilo exquisito y la mirada irreverente… de los dos.

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