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¿Cuál Biografía De Leonardo Da Vinci Leer?

¿Cuál biografía de Leonardo da Vinci leer?

Cuando se quiere a Leonardo nunca faltan las buenas noticias y las dolencias. Creo que Martin Kemp no exagera cuando dice que solo la figura de Jesucristo ha sido más estudiada. Hay unas temporadas en que su nombre permanece en silencio, callado, oculto. Hay otras donde su nombre invade la prensa y las redes: de pronto es una fotografía que revela un aspecto inusitado de un cuadro, a veces es un dibujo que los estudiosos habían pasado por alto, a menudo es una simple noticia que los medios acaban de desempolvar. El volumen de información es tan sobrecogedor que cualquier biógrafo debe sufrir taquicardia con tan solo imaginar semejante empresa. Además, escribir una biografía sobre Leonardo no solo es enfrentarse a las grandes obras que han abierto ese camino, sino también contestar una simple pregunta: ¿cuánto se comprende de todo cuanto Leonardo concibió?

Ya solo tener un conocimiento del Renacimiento y de la perpetua pugna por los territorios papales, donde las batallas y las guerras parecieran multiplicarse para torturar al historiador, resulta difícil. Podríamos escribir el inventario de conocimientos y las investigaciones que tendría que emprender esa persona, pero esto produciría un profundo desaliento. Nombremos tan solo tres tareas de las muchas que debe cumplir: debe conocer con tal precisión la geografía de la Toscana que pueda describir el modo y la manera en que Leonardo, un siglo antes de Nicolás Steno, dedujo los principios de la geología. Debe conocer de anatomía para explicar sus triunfos y sus fracasos en esta rama. Valdría que supiera la historia de la robótica con el fin de explicar sus autómatas: un león del cual salían flores, un carrito teatral que permitía ser programado y una armadura que daba ligeros abrazos.  Además de semejantes tareas, este potencial biógrafo también tendría que ser experto detectando mentiras. Y sobre Leonardo abundan, desde las tonterías hasta los complots.

Las dos biografías más recientes de Leonardo fueron escritas no tanto por expertos en el Renacimiento y en historia del arte, sino por biógrafos de profesión. Walter Isaacson ha seguido el rastro de la creatividad a lo largo de su carrera. Suyas hay biografías de Franklin, Steve Jobs, Einstein y una obra dedicada a los innovadores. Era cuestión de tiempo para que llegara a la figura de Leonardo. Su obra es el fruto de una sesuda investigación, que incorpora los descubrimientos más recientes y la discusión sobre la autoría de dos obras: “El Salvatore Mundi” y “La bella principesca”. Isaacson brinda una obra que sirve de introducción y que contiene reflexiones inquietantes sobre la creatividad.

Con todo, la biografía “Leonardo, el vuelo de la mente” del biógrafo Charles Nicholl, es mucho más completa. Aunque ya lleva más de una década en circulación, el rango de temas es verdaderamente asombroso. No sólo está la gesta de Leonardo, ya de por sí grandiosa, sino la historia de la investigación sobre su obra, ya fuera el campeón de paracaidismo que se lanzó desde el prototipo diseñado por Leonardo, un elegante paracaídas en forma piramidal, hasta la suerte de los ingenieros construyendo sus máquinas, que revelaron más de una sorpresa en su realización. Isaacson da una muestra completa de la figura; Nicholl habla además de su trascendencia; Isaacson está tras la pista de la creatividad; Nicholl, de la leyenda. Ambas son piezas fascinantes, sin duda: una busca un retrato más definido, la otra la extensión plena de la curiosidad.

Sin embargo, ni Isaacson ni Charles Nicholl son los mayores especialistas en Leonardo. Martin Kemp ostenta ese extraordinario título. Suyas hay obras fascinantes al respecto, tanto sobre temas particulares como ensayos que persiguen revelar la unidad del pensamiento a través de sus diferentes expresiones. Según Kemp, existe una obra que a pesar de llevar décadas circulando, es una introducción inmejorable al tema: el “Leonardo” del gran Kenneth Clark. Cabría añadir a esta pieza otra: las pocas páginas que escribió Vasari, el primer biógrafo e historiador del arte renacentista, sobre nuestro personaje. Citemos ese primer párrafo:

Los cielos suelen derramar sus más ricos dones sobre los seres humanos –muchas veces naturalmente, y acaso sobrenaturalmente-, pero con pródiga abundancia suelen otorgar a un solo individuo belleza, gracia e ingenio, de suerte que, haga lo que haga, toda acción suya es tan divina, que deja atrás a las de los demás hombres, lo cual demuestra que obra por un don de Dios y no por adquisición del arte humano. Los hombres vieron esto en Leonardo da Vinci, cuya belleza física no puede celebrarse bastante, cuyos movimientos tenían gracia infinita y cuyas facultades eran tan extraordinarias que podía resolver cualquier problema difícil que su ánimo se planteara. Poseía gran fuerza personal, combinada con destreza, y un espíritu y valor invariablemente regios y magnánimos.

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