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Siete Maravillas Del Antiguo Egipto (Una Lista Personal)

Siete maravillas del antiguo Egipto (Una lista personal)

Después de las lecturas y los documentales, más allá de la misma cronología y de la sucesión de los faraones, apareció una lista de objetos y de pasajes que me han dado una alegría particular, a saber, la certeza de saber que esta cultura es inagotable, que sus símbolos encierran más de un misterio, que la belleza que alcanzaron los artistas y artesanos de esta época debió avivar, aún más, la sensación de una magia que envuelve al mundo.

1. La daga de Tutankamón (Dinastía XVIII, 1327 A.C)

El tesoro del célebre faraón, cuyo nombre quiso ser borrado de las cronologías oficiales, contiene algunas de las piezas más memorables de la cultura egipcia. Cuando Howard Carter entró a la cámara funeraria, su equipo se dio a la tarea de desmontar los distintos sarcófagos y el ataúd hasta llegar a la momia. Carter realizó varios dibujos mostrando cómo se encontraba arreglada, dónde estaban los pectorales, las ajorcas, los amuletos.  En el cinto se halló una daga, pero esta daga resulta especial no solo por su decoración, sino por su material: hierro de meteorito.

2. La miniatura de Keops (Dinastía IV)

La estatua de Keops en el Museo del Cairo

A finales del siglo XIX, Flinders Petrie llegó Egipto con el propósito de medir las pirámides de la meseta de Guiza. Después de cumplir esta tarea se convirtió en un protagonista indiscutido de la egiptología. Entre sus hallazgos esta la miniatura de Keops. Del gran faraón únicamente contamos con la gran pirámide, que durante milenios fue la construcción más elevada del mundo con 146,5 metros, y la miniatura que descubrió Petrie, que no supera el tamaño de un dedo.

**Hay controversia sobre un par de piezas que representan a Keops… sobra decir que ninguna es tan adorable (o completa) como esta.

3. El pasaje del suicida (2100 A.C)

El ba, el alma, representada por un pájaro con cabeza humana. Templo de Dendera

Después de sus tres mil años de historias, la cultura egipcia quedó a merced de los saqueadores y del tiempo. El olvidó se llevó su lengua, si bien quedaron algunos trazos en el copto. Hubo muchos intentos para descifrar los jeroglíficos. Varios estafadores se dieron a la tarea de traducir las inscripciones de los jeroglíficos. La piedra Roseta y los esfuerzos de Thomas Young y Champollion terminaron el misterio. La literatura egipcia desplegó sus tesoros. Son varios los pasajes que me desconciertan, rescato el siguiente:

Un hombre se quiere suicidar. Su ba (alma) lo amenaza: si lleva a cabo su cometido de nada valdrán las ofrendas que establezcan para su reencuentro en el más allá. El hombre replica:

¿A quién le hablaré hoy?

Los hermanos son mezquinos,

La compañía de antaño ya no quiere.

¿A quién le hablaré hoy?

Los corazones son rapaces,

Cada hombre toma los bienes de su vecino.

(…)

La muerte está hoy en mi horizonte

Como la salud de un hombre enfermo

Como salir después de estar detenido.

La muerte está hoy en mi horizonte

Como el aroma de la mirra

Como resguardarse de un viento fuerte durante el día.

En “The Mammoth book of eyewitness, Ancient Egypt”.  Editorial: Carroll & Graf Publishers, New York, pg 49

4. Una joya encontrada en el suelo, el ureo de Sesostris II (1878 A.C)

En el museo del Cairo

Cuando se mira la máscara funeraria de Tutankamón se distingue, encima de la frente, el rostro de dos deidades: un buitre, el nejbet, y la cobra, uadjet. En 1920, en la pirámide de el-Lahun, los arqueólogos se dieron a la tarea de limpiar el polvo y la basura de la cámara funeraria. Los saqueadores habían hecho un trabajo escrupuloso. Sin embargo, en la pila de escombros y polvo, se asomó una joya única hasta ese momento: la representación uadjet, el ureo, la cobra erguida, que debió adornar la máscara funeraria de Sesostris II. Está hecha de oro y cuenta con incrustaciones de lapislázuli y turquesa. Esto tiene que ser una de las cosas más maravillosas que alguien ha encontrado en una pila de basura. (Cfr, Nicholas Reeves, “El antiguo Egipto, los grandes descubrimientos”. Editorial Crítica)

5. La tumba de Meketre y la vida cotidiana (Dinastía XII, 1991 A.C)

Arrasada por los saqueadores de la antigüedad, en 1920, dos años antes del gran descubrimiento, se exploró de nuevo la tumba de un alto funcionario de la corte, llamado Meketre. El fotógrafo Harry Burton encontró, a través de un agujero, una cámara intacta llena de miniaturas, toda una serie de maquetas que retratan la cotidianidad egipcia en aquella época. Parte de las creencias en el más allá consistía en que, a través de una serie de rituales y encantaciones, las miniaturas pasarían de permanecer inanimadas en la tumba a cobrar vida en el otro mundo. Estos criados reciben varios nombres “ushabti” o “shabti”, que traduce “el que responde”. A lo largo de los años los estilos cambiaron y, de ser las figuras de una maqueta, pasaron a tener forma funeraria. El número era importante: los faraones tenían 365 figuras, sin contar, por supuesto, a los capataces.

6. El templo de Hathor en Dendera

No cuesta mucho trabajo advertir que el panteón egipcio sobrepasa cualquier medida, sería inoficioso, pero entretenido, saber qué cultura tiene más “aspectos” divinos, si el hinduismo o el antiguo Egipto… Yo apostaría por Egipto, por supuesto. Son tantos los dioses, son tantas sus formas, a veces Thot es un ave Ibis, a veces es un mandril. Hay dioses con forma de pez, de serpiente, de rana, de cocodrilo, de gato, de escarabajo, de hipopótamo, de hipopótamo con cocodrilo. Creo que la idea es clara.

Según su jeroglífico, Hathor fue la casa de Horus, en algunas versiones el dios halcón nació de Isis y en otras de Hathor. Hathor también es la esposa del dios del sol, Ra, y por eso la representan en forma de vaca con un sol entre los cuernos. Los griegos pensaron que ella era la Afrodita de los egipcios, seguramente cuando vieron su forma de representación humana. Era la diosa de la fertilidad en toda su dimensión, humana y natural. El templo de Dendera es uno de los más especiales. Pertenece a la última época del antiguo Egipto y cuanta con algunas de las imágenes mejor conservadas y más estremecedoras que quepa ver: la rareza divina allí alcanza su cota más alta; el Bosco y Dalí parecen aprendices. En su interior había un zodíaco, que dejó boquiabierto a los visitantes. Unas cargas de dinamita fueron suficientes para extraer el pedazo de piedra y llevarlo hasta el Louvre.

7. Tutankamón y Anjesenamón, tapa del cofre, la escena del loto

En el museo del Cairo

Resulta comprensible que la máscara funeraria de Tutankamón, el sarcófago y el pequeño trono ocupen la atención del visitante, sin embargo la tapa de este cofre es una de las piezas más importantes y una de las favoritas de muchos egipcios. Allí están los medio hermanos y esposos: el faraón con su bastón, (se encontraron varios en la tumba) con una expresión tranquila, sobre su frente se alcanza a ver el ureo; y ella,  Anjesenamón, entregándole dos puñados de lotos, vestida con un atuendo exquisito, dueña de una dulzura que se insinúa ligeramente en el rostro. En su corona también se deja ver un ureo y, encima de la cabeza, se advierte un cono, nada más ni nada menos que el perfume.

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