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El Antiguo Egipto Y Sus Flores

El antiguo Egipto y sus flores

La clave es la naturaleza. La cultura del antiguo Egipto giró siempre alrededor de las bondades de su río. A mediados de Junio/Julio, desde el sur, empezaba la crecida que terminaba anegando los territorios del delta, al pie del mediterráneo. Después era el momento de la siembra. Más adelante, cuando llegaba cosecha, la llamada tierra roja quedaba frenada ante la tierra negra. El mundo de la aridez quedaba interrumpido por el verdor.

          Después de la década de los sesenta del siglo pasado todo cambió. La construcción de la represa de Aswan reguló la crecida del agua y el ciclo que llevaba milenios quedó interrumpido. Varios templos tuvieron que ser desplazadas piedra tras piedra. Algunas de las obras más importantes que se ven en los museos del mundo fueron entregadas en agradecimiento por la participación en esta obra, una de las hazañas de la ingeniería.

         

Durante milenios la crecida río fue el telón de fondo para la expresión literaria, arquitectónica y artística del Egipto antiguo. Muchos de los rituales y de los templos no eran otra cosa sino la traducción en ceremonias del comportamiento de las aguas. Los sacerdotes debían velar porque el ciclo no se interrumpiera. El faraón mismo aunaba en su corona las tierras del alto y del bajo Egipto, donde se articulaba el emblema de la inundación primordial, de donde emergía lentamente la tierra. Según algunos relatos mitológicos, como en varias culturas en la egipcia existe más de una historia sobre la creación, ese primer pedazo de tierra mostraba forma piramidal.

         

A lo largo del Nilo la naturaleza alrededor de las aguas va cambiando y así mismo las flores. Según la egiptóloga francesa Christiane Desroches Noblecourt sus símbolos son esenciales para la comprensión del arte egipcio. Hablemos de tres: el loto, el papiro y el lirio.

          La división entre el alto y el bajo Egipto existió desde el principio. Del primer faraón Narmer, por allá hacía el año 3100 A.C, se conserva una suerte de pizarra que muestra la unión de ambos reinos, la llamada “Paleta Narmer”. El símbolo de la unión es la corona del faraón: la blanca en forma de mitra, que representa el alto Egipto hacia el sur; y la roja que termina en un rizo, que representa el norte. Por un lado, los territorios de donde venía la crecida del agua; por otro, el delta donde se realizaban las siembras.

          La fuerza del agua que provenía del sur terminaba anegándolo todo y al tiempo trayendo la vida. El lirio se daba más en ese territorio y, como tal, representaba la renovación que traía las aguas, la misma promesa que se cumplía en los campos cuando sembraban el trigo seco y la tierra después lo devolvía a la vida. Esto representan las ofrendas de lirios a los faraones.

          El papiro se da más al norte, en el delta, donde descansa aquello que va a volver a la vida. El papiro representa la potencia que aguarda la crecida para regresar, la frescura, el renacimiento. Muchas de las columnas en los grandes templos son papiriformes, pero tienen una diferencia: aquellas por donde cruza el astro solar muestran la flor abierta; aquellas que viven a la sombra la muestran cerrada. En las imágenes que muestran el viaje que emprende el difunto aparecen, por supuesto, los papiros.

         

Ofrenda de pairos y lotos a Tutankhamón. Museo del Cairo

La flor de Loto representa una historia distinta, pero de algún modo intermedia. Los egipcios la empleaban en sus decoraciones y en sus ofrendas. Cedámosle la palabra al egiptólogo Pascal Vernus: “La más elocuente en este sentido para los antiguos era el loto azul (Nymphea caerulea). Sus capullos a flor de agua se abren con los primeros rayos del Sol, cerrándose con la llegada de la oscuridad. Esta planta simboliza el ciclo fundamental de la creación: el Sol que se levanta por encima del océano primordial para regresar al término de su trayecto diario. Por otro lado, este simbolismo opera en varios sentidos: al abrirse, la flor exhala un suave perfume. Y el perfume es uno de los signos sensoriales de la epifanía divina. El loto blanco, a su vez, se abre por la noche. Esto indicaba, por el contario, que el astro proseguía su actividad incluso cuando no resultaba visible”. (En Los dioses egipcios explicados a mi hijo)      

Cada una de estas flores presenta un momento o todos en la renovación de la vida, el milagro por excelencia que no dejó de celebrar la cultura egipcia. Hoy quizá estemos distantes de esta idea, pero cuando la reconocimos como especie nos deslumbró, articuló cada elemento del pensamiento, se vistió en mitos y símbolos, pobló nuestros sueños y quién sabe cuántas huellas dejó en nuestro lenguaje y entendimiento.  

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