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La Carta Más Triste

La carta más triste

En medio de los bombardeos y de las metralletas, en medio de las alarmas, los heridos y los muertos, Vasili Grossman, el autor de Vida y destino, se entregó a la tarea de releer Guerra y paz de Lev Tolstói. Vivía los escenarios más desgarradores en la batalla de Stalingrado. Era testigo de la vigilancia del partido. Anotaba en su cuaderno los episodios más crueles de la peor de las guerras. En la intimidad se gestaba su obra cumbre; en la soledad una preocupación lo torturaba.

Si la segunda guerra mundial es la arquitectura más completa del infierno, el frente oriental debe representar su emblema. A pesar de los pactos secretos con la unión soviética, Adolf Hitler quiso triunfar donde Napoleón y Carlos XII habían fracasado.  En Junio de 1941 partieron casi 3 millones de efectivos rumbo oriente. Stalin no dio crédito a la noticia. Las principales ciudades se enfrentaron al ejército nazi que asolaba todo a su paso. Leningrado, hoy San Petesburgo, fue sitiada hasta sumir a su población en los escenarios más dantescos, incluso el canibalismo. En los cielos de Moscú sobrevolaron los aviones de la Luftwaffe; más adelante llegaron los tanques. El propósito era someter a la ciudad e incluso destruir al Kremlin. Al sur, en Stalingrado, hoy Volgogrado, el general Paulus recibió la misión de controlar las refinerías de petróleo. Además, Hitler insistía en dominar la ciudad de Stalin.

Muchas de las obras literarias sobre la guerra no son una exaltación de la guerra. Durante la década de los treintas, la novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente fue prohibida en Alemania. Como lo fuera Guerra y Paz con la Rusia de principios del XIX, la obra de Vasili Grossman es un mosaico de la sociedad soviética. Están los soldados que aguardan la batalla, los conductores de tanques, los pilotos que miran las construcciones humeantes desde el aire, los familiares que siguen los movimientos de las tropas en las noticias, los médicos incapaces de brindar consuelo. La atrocidad parece interminable cuando es vista desde tantos frentes. Cualquier exaltación de la guerra es parcialidad.  Pero Vida y destino no solo refiere la brutalidad de las batallas, sino el régimen totalitario de Stalin, la vigilancia continua, la opresión y el sometimiento, el confinamiento de los prisioneros políticos. Sin embargo, el capítulo más conmovedor de la obra no trata de esto.

La madre del protagonista de Vida y destino falleció en un campo de concentración. Su hijo lleva consigo una carta donde ella le refiere cómo ha vivido esos últimos días, las personas que conoce, los recuerdos que la protegen, su felicidad de madre. En el capítulo 18 del libro I se lee, ¿Cómo poner punto final a esta carta? ¿De dónde sacar fuerzas, hijo mío? ¿Existen palabras en este mundo capaces de expresar el amor que te tengo? Te beso, beso tus ojos, tu frente, tu pelo. Yekaterina Savéleivna Grossman, la madre del autor, falleció en un campo de concentración. Su hijo imaginó para su protagonista la carta que hubiera recibido de su madre. Años después, mientras Grossman luchaba contra la censura que había prohibido Vida y destino, escribió una carta a su mamá, que llevaba ya casi una década muerta. Traduzco un fragmento de la antología de textos hecha por Robert Chandler: Han pasado ya nueve años desde que dejé de escribirte y de contarte qué ha ocurrido en mi vida. Tanto hay en mi corazón que he decidido hacerlo y, desde luego, quejarme de las cosas, en tanto no hay nadie a quien le importen mis penas verdaderamente. Tú eras la única a quien le importaban.

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